Cada primer sábado de julio se celebra el Día Internacional de las Cooperativas, una conmemoración impulsada por la Alianza Cooperativa Internacional y reconocida oficialmente por las Naciones Unidas desde 1995. La fecha busca poner en valor la contribución de las cooperativas al desarrollo económico y social de los territorios, así como su papel en la construcción de sociedades más justas, participativas y sostenibles.
Las acciones de comunicación correspondientes a la edición de 2026 han querido destacar especialmente la contribución de las cooperativas a la construcción de sociedades más pacíficas, cohesionadas e inclusivas. Bajo el lema «Cooperativas para un mundo en paz», se pone el foco en la capacidad del modelo cooperativo para generar confianza, fortalecer la participación democrática y, con ello, favorecer la convivencia a través de la ayuda mutua y del esfuerzo común entre las personas.
En un contexto internacional tan marcado por la incertidumbre, las tensiones geopolíticas y una creciente fragmentación económica y social, el cooperativismo reivindica su papel como herramienta para alcanzar acuerdos, trabajar por objetivos comunes y reforzar las economías locales. La experiencia vinculada a estas entidades demuestra que la colaboración, la corresponsabilidad y la participación constituyen una base sólida para afrontar los desafíos, demostrándolas resilientes y flexibles.
En el ámbito agroalimentario, estos principios adquieren una dimensión singularmente relevante. Las cooperativas agroalimentarias son mucho más que empresas. Son organizaciones formadas por miles de familias de agricultores y ganaderos que se unen para transformar, comercializar y dar valor a sus producciones. Personas que comparten riesgos, objetivos y responsabilidades para afrontar juntas los desafíos de un mercado cada vez más globalizado y competitivo.
Frente a otros modelos empresariales, las cooperativas sitúan a las personas en el centro de la actividad económica. Su funcionamiento democrático permite que las decisiones se adopten pensando en el interés colectivo de sus socios y, del mismo modo, los beneficios generados revierten en el propio territorio, al pertenecer a familias que viven en él y no a entidades radicadas a miles de kilómetros de distancia.
Esta vinculación al territorio constituye uno de los rasgos más característicos del modelo cooperativo. Las agroalimentarias no pueden deslocalizarse ni trasladar su actividad a otros destinos en busca de menores costes de producción. Su razón de ser está ligada a las explotaciones de sus socios, a los pueblos en los que se ubican y al desarrollo de las comarcas en las que generan empleo y riqueza.
Solidaridad, corresponsabilidad, ayuda mutua, participación y compromiso son valores que forman parte de la identidad cooperativa desde sus orígenes. Gracias a ellos, las cooperativas han demostrado durante décadas una extraordinaria capacidad para adaptarse a los cambios económicos y sociales sin perder de vista su principal objetivo: mejorar las condiciones de vida de las personas que las integran y contribuir al desarrollo de las comunidades en las que desarrollan su actividad.
En Aragón, donde las cooperativas agroalimentarias agrupan a decenas de miles de familias y constituyen en muchos municipios la principal empresa y motor económico, el Día Internacional de las Cooperativas es también una oportunidad para reconocer la contribución de quienes, a través de este modelo empresarial, trabajan cada día para producir alimentos, generar empleo, fijar población y mantener vivo el medio rural, contribuyendo al mismo tiempo a construir territorios más cohesionados y con mayores oportunidades para todos.
Xabier Otazu
Cooperativas Agroalimentarias de Aragón


